En el increíble affaire de la Ley Interpretativa, en el que vemos al Presidente y a los dos otros pezzonovantes del FA, tratando de meter baza después que el proyecto había recibido la media sanción del Senado, puede estar la semilla del cisma. Un cisma casi necesario, que no requiere excluir a nadie sino simplemente ponerse de acuerdo en que no vale copar los comités de base con politruks para dictar lo que debe ser la política del gobierno. Un cisma que debería promover la evolución del Frente Amplio de un partido de "militantes" a un partido político propiamente dicho. Como todo tiene un costo, esto quizás sea posible solo soportando otro soporífero período presidencial de Tabaré Vázquez. Todo sea por no soportar uno de Pedro.
¿No será ésta la oportunidad para establecer racionalidad en la toma de decisiones dentro del Frente Amplio? ¿no será que es la vía quirúrgica la adecuada para acabar con la mística de "las bases" y establecer la mística del "rumbo consensuado", por más anatemático este que pueda parecer con respecto al centralismo democrático? Si suficientes diputados desconocieran el mandato del Plenario del Frente Amplio, quizás el cisma se produzca, y de una vez por todas se termine con la farsa del Frente Popular. La Internacional hace tiempo que se ahogó en sangre en algún sótano moscovita.